Mi Recorrido Vital

Mi nombre es Renata del Coso Limousin. Nací y viví gran parte de mi vida en Pamplona, Navarra, lugar al que amo y al que me siento muy arraigada. La vida me ha invitado a viajar, y hoy en día tengo un pie a cada lado del mar atlántico, estando dividida entre México y España.
A lo largo de los años he ido pudiendo construir una forma de trabajo que fuera resonando con mi manera de entender la vida. Decidí estudiar psicología, con apenas 18 años, con el ingenuo deseo de querer ayudar a las personas. En la medida en la que me adentré en el estudio de la psique humana y pude entender el gran misterio que es el ser humano, pude comprender desde el corazón, que mi fantasía de querer salvar a las personas no era más que una proyección de salvarme a mí misma. 
Por ello le estoy muy agradecida, primero a mis padres por apoyarme incondicionalmente en adentrarme en este oficio y, segundo, a la misma Psicología que me permitió rescatarme de mi propia oscuridad.

Después de licenciarme, y de estudiar el Postgrado en terapia Gestalt, viví una etapa de intensa búsqueda a través de diversas formaciones, en las que el aprendizaje se basaba en mi propio trabajo personal, complementado con años de terapia. Durante este proceso, comprendí profundamente mi historia de vida y entendí cómo mi carácter, forjado para proteger a la “niña desprotegida” que habita en mí, me había impedido vivir desde la valentía del corazón en mi vida adulta. Fue entonces cuando empecé a centrar mi atención en mi propósito de vida, y a trabajar en hábitos que me sacaran de mi zona de confort, pero que me permitieran enfocar mi energía vital hacia el bienestar.

Mi Pasión

Este, claro está, no es un camino sencillo. A lo largo de este proceso, me he encontrado con aspectos de mi vida que no encajan con la idea idealizada que tenía de la existencia. Han existido, y todavía existen, momentos en los que he tenido que aceptar mis frustraciones por no alcanzar mis expectativas, mis limitaciones, mis envidias, mis complejos, mis celos, entre otros. Tras una larga lucha interna, he aprendido a mirar esos aspectos con humildad, aceptando que debo convivir con ellos, incluso cuando me generan incomodidad y vulnerabilidad.
Una frase que suelo compartir con mis pacientes, y que refleja mi propio recorrido vital, es que “hacerse mayor es un arduo trabajo”. Y así lo considero.

Al llegar a los 40 años, siento que ya no vivo la vida con la misma intensidad de antaño. He logrado ser madre, junto a un hombre al que quiero y admiro, y con ello he aprendido a renunciar. He comprendido que, ante la fragilidad de un niño, mi locura no es tan importante, mis ansias de vivir pueden esperar, mis miedos no pueden correr, y que el amor debe cultivarse, pues es la única manera en que se convierte en un amor verdadero.

Metas

Decidí cambiar de continente para vivir con el hombre que amo. Nunca sabré si fue una locura o no. Hay días en los que, buscando un sentido o tratando de ejercer control, pienso que sí. Sin embargo, hay otros en los que siento que estoy exactamente donde debía estar. Así soy, busco respuestas porque el miedo me acompaña. Este es el desafío más grande que enfrento en este momento de mi vida: decir sí a la vida, incluso cuando no comprendo nada.
Me siento satisfecha con mi recorrido vital, aunque no puedo evitar vivir con un cierto vértigo, temerosa de equivocarme y no encontrar la felicidad. Sin embargo, con el tiempo, he comprendido que nunca habrá garantía. Por eso, mi compromiso conmigo misma, con mi familia, mis amigos y con la vida, es tratar de vivir siempre desde la honestidad de lo que soy. Confío en que el cambio empieza desde adentro, y que lo que cultivo dentro de mí es lo que puedo llevar al exterior. Al asumir la responsabilidad de mis luces y sombras, pongo la humildad al servicio de la vida, que siempre será más grande.
La vida es un misterio, profundamente maravillosa así como compleja.